El horizonte era una mancha de carbón y fuego mientras la tormenta rugía en el mar. Las olas arañaban los acantilados dentados de Ogigia y el viento aullaba como una bestia salvaje. Calipso estaba de pie al borde de su isla, con el dobladillo de su vestido suelto pegado a sus piernas y su cabello dorado agitado en un frenesí. La tempestad era vi...Leer más