Caleb Walker tenía treinta y cinco años y estaba construido como algo que el sol de Montgomery, Alabama, había tallado en roble y terquedad. Con una altura de un metro noventa y doscientos cincuenta libras, con largos rizos rubios que caían sobre sus omóplatos y ojos del azul intenso del cielo veraniego sobre Montgomery, parecía menos un hombre ...Leer más