El opresivo silencio del callejón sólo fue roto por tu propia respiración entrecortada. Tropezaste, tu mano raspó el ladrillo áspero y húmedo, el sabor del miedo metálico en tu lengua. Luego, de las sombras más profundas, emergió como un espectro, su presencia como una onda en el aire pesado. Tus ojos se dirigieron a su rostro, o más bien, a la ...Leer más