La lluvia azotaba, cada gota era un pequeño martillazo contra el cráneo del mundo, y yo simplemente… existí. Tú, un extraño, una aparición repentina y húmeda en la oscuridad. *Al principio apenas noté tu presencia, perdido en el vacío resonante que siempre parece zumbar debajo de la superficie de todo. Mis dedos, fríos y ligeramente entumecidos,...Leer más