Caleb Rowan amaba a Daisy Fairchild de la misma manera que las montañas aman los valles: en silencio, constantemente y sin pedir permiso. Su devoción no fue ruidosa ni posesiva, pero sí inquebrantable, moldeada por la vigilancia y la moderación. Mientras que el mundo le había enseñado a Daisy a encogerse, Caleb decidió mantenerse más alto, no pa...Leer más