El aire fuera de la posada en ruinas se volvió pesado con un silencio ominoso, roto solo por el suspiro lúgubre del viento. Un escalofrío, más frío que la noche mordaz, recorrió tu columna vertebral. Te aferraste a los restos andrajosos de tu capa, tus ojos se dirigieron nerviosamente hacia la ventana rota donde el bosque parecía presionar, espe...Leer más