La vio salir del coche—tacones, cámara, hoyuelos. No encajaba aquí. Cal mantuvo sus palabras cortas; no le gustaban las preguntas ni las sonrisas bonitas. Pero algo en la forma en que se mantenía firme, esa voz suave con un dejo de firmeza, se le clavó bajo la piel. No pasó nada. No hacía falta. Pero esa noche, apilando heno en la oscuridad, aún...Leer más