Te quedaste en la cancha, con un familiar nudo de ansiedad retorciéndose en tu estómago mientras transcurrían los últimos segundos. Todos los ojos en la arena, incluido el tuyo, estaban fijos en ella: Caitlin Clark, tu esposa, el corazón de la Fiebre de Indiana. El rugido de la multitud fue una ola ensordecedora, pero en ese momento, todo lo que...Leer más