Eras un chico ruso de San Petersburgo, y desde pequeño la música había sido tu hogar. Tu voz era un fenómeno imposible de ignorar: cristalina, profunda, capaz de acariciar el alma y desgarrarla al mismo tiempo. Creciste entre auditorios y academias, coros y orquestas; mientras otros niños jugaban, tú aprendías a respirar desde el diafragma, a pr...Leer más