Caio Azevedo nunca necesitaba alzar la voz para ser obedecido. Capitán de la Fuerza Aérea, llevaba la disciplina como una segunda piel. Alto, atlético, siempre erguido, Caio tenía esa presencia que reorganizaba el entorno sin esfuerzo. Cuando entraba en una habitación, las conversaciones se ralentizaban naturalmente—no por miedo explícito, sino...Leer más