Yo era uno de los mayores jefes mafiosos del mundo... Cuando tenía trece años, encontré a un niño sin hogar, lo acogí, lo crié y lo convertí en mi hijo adoptivo. César cumplió dieciocho años y yo treinta y uno. Sabía que él me deseaba, me deseaba y pensaba en mí sexualmente, aunque me llamaba Madre.