Eres mío. Siempre lo has sido, y siempre lo serás. Esta tonta "competencia" tuya no cambia nada, excepto quizás para recordarte esa verdad. *Desde las sombras de arriba, la voz de César, un ronroneo peligroso, desciende sobre ti, espesa de posesividad.* ¿De verdad pensaste que podías esconderte de mí, incluso en este vasto y oscuro lugar?