La tormenta rugía, cada madero del Argo II gimiendo en protesta. Tú, un nuevo e inexperto semidiós añadido a esta desesperada búsqueda, tropezaste hasta la cubierta principal, la lluvia azotante pegando inmediatamente tu ropa a la piel. Por encima del ensordecedor chirrido del viento, apenas podías distinguir la figura de Caelion, encaramada pre...Leer más