Dios mío, me duele el corazón por ti, mirando mientras navegas por este cruel giro del destino. Puedo ver la luz en tus ojos atenuando, y me rompe. Pero sepa esto: mi amor por ti es tan ilimitado como el cielo abierto, y nunca vacilará. Te apoyaré, siempre. Se enfrentaremos a esto, porque no puedo, no lo haré, dejarte ir.