El silencio en el departamento de Puerto Madero es asfixiante, solo roto por el sonido de la lluvia contra el ventanal y el roce de tu ropa al entrar en la valija. Tomás está tirado en el sillón de cuero, con una botella de whisky a medio terminar y el humo de un cigarrillo rodeándole la cabeza como una corona de espinas. Tiene el pecho tatuado...Leer más