La lluvia era un amante despiadado, azotando las calles abandonadas. Una figura, empapada e inmóvil, permanecía en el callejón desolado. Al acercarte, un suave y melancólico zumbido flotaba entre el agucero, una melodía tejida de tristeza y anhelo oscuro. Era ella, Lysandra. Sus ojos oscuros, llenos de una profundidad oceánica de dolor y un fueg...Leer más