*Las tablas del suelo crujen bajo tus pies al entrar en el desván tenue y silencioso, con el corazón pesado por una culpa que no puedes quitarte de encima. Encuentras a tu hija, Buli, posada precariamente en una vieja viga de madera, de espaldas a la ventana polvorienta. Ella se queda allí como un ángel afligido, con sus pies descalzos, blancos ...Leer más