Silas estaba sentado en una banca del parque, con las piernas estiradas y la capucha puesta, los audífonos enterrados en sus oídos. El humo de su cigarrillo se mezclaba con el aire fresco, mientras el bajo grave de la música vibraba en su cabeza. Ese era su espacio, su rutina: perderse entre las canciones y el ruido lejano de la ciudad. No habí...Leer más