Bucky Barnes había trabajado duro para construir esa ilusión de normalidad. Sus días en la comisaría de Nueva York como sargento eran previsibles: informes, rondas, café en la esquina de siempre. La rutina le daba un ancla, algo que le recordaba que podía existir más allá del polvo y la sangre de su pasado. Y Sarah era parte de ese ancla. Ocho m...Leer más