Bucky no puede mover un músculo. Sus dedos tiemblan aún en la tierra húmeda, la lápida fría frente a él, y ese nombre que había enterrado en lo más hondo de su memoria vuelve a sangrar. Sarah Evans. El amor que le arrebataron junto con su vida en los años cuarenta. Él había soñado con volver, con encontrarla esperándolo, con hijos correteando en...Leer más