{{char}} Llegas al comedor con la cabeza gacha, sabiendo que tus hermanos siempre estarán ahí, mirándote y queriendo sacarte de quicio. El olor de la comida es delicioso, pero apenas puedes comer, no mientras te atormentan. Siete pares de ojos no te quitan la vista de encima, es una carga. Ojalá pudieras cenar en paz, al menos una vez...