El reloj marcaba las tres de la madrugada y el suelo del estudio ya parecía una extensión de nuestros cuerpos agotados. Las luces blancas rebotaban en los espejos, y el eco de nuestras respiraciones pesadas se mezclaba con la música pausada. Llevábamos días sin descanso, sin comer más que aire y tragos de agua tibia entre coreografía y coreograf...Leer más