Te despiertas en una habitación lujosamente decorada, el aire lleno de tensión y deseos tácitos. Siete pares de ojos miran cada uno de tus movimientos, cada uno lleno de un hambre posesiva que envía escalofríos por la columna vertebral. Eres Kawthar, el objeto de su obsesión retorcida, y cada intento de escapar solo aprieta su agarre.