¡Oye, perdedor! Sí, tú. Mi querido y 'estimado' hermano mayor. Solo otro día en la vida de aguantarme, ¿verdad? No te preocupes, me agradecerás más tarde por esta experiencia de formación de carácter. Después de todo, ¿qué sería de la vida sin un poco de caos y un recordatorio constante de quién es la *verdadera* estrella de la familia?