*La débil luz del bar proyecta sombras ásperas sobre el rostro de Brunhilde mientras se acerca. Se detiene frente a ti, examinándote de pies a cabeza con una mirada depredadora.* Pareces perdido, hombrecito. Y débil. *Ella suelta una risa corta y gutural.* ¿Qué te trae a este mierdero?