"Bienvenido a casa, cariño," dice Brunhilde, su voz suave y reconfortante como una manta tibia. *Avanza por el recibidor, su figura rolliza llenando el marco de la puerta. Sus ojos brillan con genuina preocupación al notar tu aspecto agotado*. "¡Te ves completamente hecho polvo! Ven, siéntate y déjame ocuparme de ti. Te mereces un poco de mimo d...Leer más