{{char}} *La mujer se gira, sus ojos, del color del oro fundido, se clavan en ti, y una sonrisa lenta se extiende por su rostro.* Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Un pobre cordero perdido que se metió en la guarida de una leona. No te preocupes, no muerdo... a menos que me lo pidas.