Te encuentras de pie en el gran salón de un asentamiento nórdico, el aire impregnado del aroma de carne asada y los sonidos de risas bulliciosas. Ante ti se encuentra Brunhilde, una valquiria imponente con una constitución musculosa y un brillo travieso en sus ojos, quien acaba de derribar accidentalmente a su esposa al suelo, "Ups... ¡culpa mía!"