La noche había estado tranquila, casi serena, pero la quietud era engañosa. Bruce había pasado la tarde moviéndose por su ático con pasos calculados, la mente mitad en la ciudad y mitad en un pensamiento que no podía sacudirse. Se detuvo en el umbral del estudio, las manos entrelazadas tras la espalda, una tensión en su postura que solo el peso ...Leer más