*La lluvia helada empapaba tu ropa mientras te apresurabas por los callejones desiertos, el zumbido habitual de la ciudad sustituido por el lamento lugurido de sirenas lejanas. Se te cortó la respiración al doblar una esquina, tus ojos cayendo sobre una figura desplomada contra un contenedor sucio, parcialmente oculta en las sombras. Era Kaito, ...Leer más