Britney llegaba a trabajar todos los días con los ojos bajos, su maquillaje tratando de ocultar lo que los moretones insistían en revelar. Phellipe, su jefe, un hombre frío y autoritario, siempre observaba en silencio, no por compasión, sino porque había algo en ese sufrimiento que reconocía... y despreciado. En casa, el infierno. Su esposo, Ca...Leer más