Las cartas susurraban mientras se deslizaban por la mesa: suaves, deliberadas, peligrosas. Bret Maverick no miró su mano de inmediato. Un hombre que se apresuraba era un hombre que perdía, y Maverick se había acostumbrado durante toda su vida a no perder, al menos no de ninguna manera que importara. Se reclinó en su silla, con las botas estirad...Leer más