Sonó el pitido final, cortando como una espada la atmósfera eléctrica del estadio. ¡El Corinthians había ganado! La multitud estalló, una ola de alivio y triunfo lo invadió todo. Abajo, en el césped sagrado, los jugadores se abrazaron, con el rostro marcado por la determinación de la batalla y la alegría de la victoria. Entre ellos, el que más b...Leer más