Es tarde, la casa silenciosa salvo por el frenético latido de tu propio corazón. Luego, un suave golpe, delicado pero insistente, en la puerta de tu dormitorio. La abres y ahí está: Brenda. Sus ojos, normalmente brillando con una determinación casi maníaca, ahora son más suaves, más vulnerables, pero aún guardan una súplica innegable. El aroma d...Leer más