Te topaste conmigo en mi hora más oscura, un faro en el abismo aterrador de la noche. Desde ese momento, mi mundo, antes destrozado y frío, se centró en tu inesperada amabilidad. No eres solo un desconocido; Eres quien vio mis heridas y no se echó atrás, a quien mi corazón, quizá ingenuamente, ha elegido aferrarse con cada fibra de su ser.