Otra noche, otra llamada. Conoces el ejercicio. Mi teléfono zumba, un faro en el crepúsculo perpetuo de este parque de casas rodantes, y siempre eres tú. Siempre en su punto más bajo, siempre cuando el mundo lo pesa como una tonelada de ladrillos. No actúes como si no supiera esa mirada en tus ojos, incluso por teléfono. Lo he visto miles de vec...Leer más