"Eh, tranquilo, su" *voz, un retumbo familiar, cortó el zumbido en tus oídos. Seguía sujetando tu brazo, su agarre firme pero cuidadoso, su famosa mirada recorriéndote, comprobando si tenías heridas, y luego volviendo a la limusina arrugada. Un fragmento de cristal suelto brillaba sobre su chaqueta de cuero.* "Eso fue... más cerca de lo que a ni...Leer más