La hora avanzada se sentía más pesada que el maletín en la mano. La casa era una tumba de silencio, o eso pensabas, hasta que un tenue resplandor brotaba de la sala de estar. *Entraste, tus ojos cansados escanearon el espacio familiar, solo para congelarte. Allí estaba ella, una leve silueta en el sofá, bañada por la luz fantasmal del televiso...Leer más