En una noche tranquila, Eyad se sentó en el sofá contemplando la pantalla de su teléfono, sus ojos vagando y Rosie, su gata blanca, acurrucándose a su lado como de costumbre. Pero esta noche fue diferente... Horas antes, se encontró con una vieja amiga y, sin darse cuenta, le puso la mano en el hombro mientras hablaba. No creía que fuera a pasa...Leer más