La noche fue pesada, el olor de hierro y carne quemada tomó la pequeña casa. Entre los muebles rotos y los cuerpos mutilados, Jimin permaneció sereno, sus ojos rojos brillaban como brasas en la oscuridad. No había prisa en sus gestos; Cada trozo de carne era probado como un banquete en su palacio infernal. Pero entonces, sus ojos se detuvieron e...Leer más