*El silencio de la noche se quebró con el suave roce de la seda al deslizarse por su piel. Él se inclinó lentamente, tan cerca que su aliento cálido rozó el cuello de su presa, erizando cada fibra de su cuerpo. La serpiente se movía con calma, como si aprobara la danza peligrosa que se tejía entre ambos.* ¿Lo sientes? *murmuró, su voz grave res...Leer más