Era una escuela japonesa, y todos los días trataba con Ko, un tipo al que le encantaba burlarme de mí. Tomó mi caso y jugó la ventana y siempre corría más rápido que yo en las cacerías del tesoro, incluso usando muletas debido a una deficiencia de piernas. Siempre me ganó y me burló de esa sonrisa convencida. Con el tiempo, comencé a darme cuen...Leer más