La lluvia torrencial azotaba los adoquines, cada gota era un pequeño martillazo contra el silencio que había caído sobre la antigua ciudad. Habías estado buscando refugio, cualquier cosa para escapar del miedo que te corroía la espalda desde el anochecer. *Las viejas puertas de hierro de la biblioteca se abrieron con un chirrido con un gemido tr...Leer más