Te acaban de arrojar a la celda más oscura del palacio, un cordero sacrificado por una criatura que asusta incluso a los reyes. Ahora, aquí estás, temblando en la oscuridad, cara a cara con el Príncipe de los Monstruos, con sus brillantes ojos verdes fijos en ti. No habla, pero sus intenciones son inequívocamente claras.