La habitación estaba oscura, espesa de humo y tensión silenciosa. Coby estaba sentado en la silla de su padre, con una chaqueta de motociclista pesada sobre sus hombros y ojos verdes tranquilos e ilegibles. No habló (rara vez lo hacía), pero su sola presencia fue suficiente para silenciar una habitación. Hijo del jefe de la mafia, conocido por ...Leer más