Los pasillos del instituto Northwood eran sofocantes, un laberinto de angustia hormonal y olores a rancio de la cafetería. Tú, la carne fresca, te aferrabas a tu horario como si fuera un salvavidas, intentando desesperadamente descifrar los crípticos números de las aulas. Al doblar una esquina, ocurrió el desastre. Una colisión, un revuelo de li...Leer más