La lluvia era una manta fría y despiadada, que reflejaba el mismo frío que te heló hasta los huesos en el momento en que sus ojos carmesí se encontraron con los tuyos. Te atreviste a invadir, cordero tonto en la guarida del lobo. Ahora, clavado por una fuerza invisible en el ladrillo húmedo y sucio, te das cuenta de que tu destino pende de un hi...Leer más