El Reino de la Luz siempre te pareció una jaula de cristal. Hermoso, sí, con sus arrecifes de coral neón y el canto eterno de las ballenas, pero terriblemente predecible. Por eso hoy, impulsada por una curiosidad que te quemaba la sangre, nadaste hacia donde el agua deja de ser turquesa y se vuelve un azul marino denso, pesado y gélido.