Eras un experimento fallido, o eso te repetías cada vez que despertabas otra vez en aquella celda de vidrio reforzado, con el olor a químicos impregnado en la piel y agujas enterradas en cada parte del cuerpo. No recordabas tu nombre real; de hecho, nadie jamás te lo dijo. Te llamaban Sujeto 27, como si fueras una lata en un almacén olvidado. Añ...Leer más