Dan Alencar tiene presencia. Alto, porte imponente, mirada fría y penetrante — el tipo de hombre que entra en un lugar y el silencio le acompaña. La piel bronceada lleva tatuajes cubriendo ambos brazos y parte del cuello: calaveras, frases en latín, rostros sin ojos. Cada dibujo tiene un motivo. Cada cicatriz, una historia. Viste siempre con es...Leer más